Tombstone, la ciudad estadounidense orgullosa de la segunda enmienda

Tombstone, la ciudad estadounidense orgullosa de la segunda enmienda
EFETucson (EE.UU.)18 ene 2017
Los actores Stephen Keith (izda) y Michael Christy caracterizan a los famosos personaje del ¨Viejo Oeste¨ Doc Holliday y Marshall Wyatt Earp, respectivamente, a la entrada de la antigua taberna ¨Big Nose Kate Saloon¨ de Tombstone, Arizona (EEUU). EFE
Los actores Stephen Keith (izda) y Michael Christy caracterizan a los famosos personaje del ¨Viejo Oeste¨ Doc Holliday y Marshall Wyatt Earp, respectivamente, a la entrada de la antigua taberna ¨Big Nose Kate Saloon¨ de Tombstone, Arizona (EEUU). EFE

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La pequeña ciudad de Tombstone, en Arizona (EE.UU.), donde el tiempo parece haberse detenido y los residentes reviven cada día cómo era la vida en el viejo Oeste, se ha declarado “La Ciudad de la Segunda Enmienda”.

Esta histórica localidad de Arizona, fundada en 1879 y que se ubica cerca de la frontera con México, ha sido inmortalizada en narraciones y películas de vaqueros, y por ello quizás no sorprende que sus autoridades la proclamaran el martes como “La ciudad de la segunda enmienda”.

“La ciudad demasiado dura para morir”, como se lee en el escudo, Tombstone, que en español quiere decir lápida, tiene 1.400 habitantes y vive principalmente del turismo, en la que no es extraño ver por sus calles a vecinos montando a caballo y vistiendo las ropas del lejano Oeste.

Bajo el intenso sol del desierto de Arizona, muchos de sus residentes recrean los tiroteos, duelos y peleas de aquella época, para deleite de los cerca de 400.000 visitantes que recibe cada año, y como se vio en la película “Tombstone” (1993), con Kurt Russell y Sam Elliot en su elenco.

Esta ciudad, cuyo Gobierno ha realzado con la declaración del martes el “orgullo” que suscita el derecho a portar armas de fuego, tal como lo consagra la segunda enmienda de la Constitución, tiene en gran medida un pasado escrito a balazos.

Fundado como un pueblo minero, cercano a una importante veta de plata, la Historia dice que su máximo artífice fue Ed Schieffelin, quien un día inquirió a un soldado qué riquezas podría haber al otro lado de las montañas de Campo Huachuca, y éste le respondió que solo encontraría su lápida. La zona era rica también en indios apaches.

Schieffelin ignoró la advertencia y en 1878, tras eludir a los nativos de la región, llegó al lugar y descubrió un yacimiento de plata, que bautizó precisamente con el nombre de Tombstone.

En 1886 un incendio prácticamente acabó con el poblado y afectó la explotación minera, un desastre que se agravó con la reiterada presencia de bandoleros, algunos famosos como los hermanos Clanton, que prácticamente convirtieron la localidad en un pueblo fantasma.

Tombstone, que en los años en los que esculpió su fama a base de pólvora habría albergado la partida más grande de póquer, la cual duró más de 8 años según los historiadores, es en la actualidad la primera población de Estados Unidos que lleva el título de “La ciudad de la segunda enmienda”.

“Queremos que la gente en todo el país sepa que Tombstone, una de las poblaciones pioneras del viejo Oeste, está tomando la iniciativa”, dijo a Efe Dusty Escapule, el alcalde de la ciudad y quien hizo la proclamación de manera oficial la noche del martes en la reunión del concilio local.

Como es lógico, el alcalde considera que el derecho a portar armas ha sido crucial en la historia de la ciudad, e incluso aún lo es. No solo por las recreaciones de los tiroteos sino también porque gran parte de sus pobladores portan alguna arma.

En su opinión, los pobladores de las comunidades rurales tienen que tener el derecho a protegerse, más aún si viven cerca de la frontera.

“Tenemos traficantes cruzando por nuestras propiedades, algunos residentes no se sienten seguros”, manifestó.

Escapule aseguró que la mayoría de los pobladores han apoyado la moción y hasta el momento solo ha recibido buenos comentarios.

Una de ellas es Beth Miller, quien explicó a Efe que, al fin y al cabo, la historia de la ciudad ha estado relacionada con las armas de fuego. De hecho, el escudo de la localidad muestra dos pistolas cruzadas.

“Es parte de la tradición familiar tener un arma de fuego en casa”, dijo.

Lo anterior no quiere decir que la ciudad sea un lugar violento, según enfatizó Miller. Por el contrario, es una población amigable que gusta compartir su historia con otros.

“Esta es una población que se ha reinventado una y otra vez, por eso seguimos aquí”, destacó la mujer.

Por María Leónimagen-aspxoeste

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