Así se vive un acto de campaña de Donald Trump

Así se vive un acto de campaña de Donald Trump

Trump evidencia en Miami los trucos que lo tienen peleando cabeza a cabeza la presidencia de EE. UU.

Por:  JUAN MONTOYA ALZATE |

1:07 a.m. | 6 de noviembre de 2016

Los mensajes políticos de Trump son directos, claros, pegajosos, repetitivos, aunque no necesariamente verificables.

Foto: Spencer Platt – Getty Images / AFP

Los mensajes políticos de Trump son directos, claros, pegajosos, repetitivos, aunque no necesariamente verificables.

A sus 69 años, Hillary Clinton no tiene la energía para gobernar los Estados Unidos. Lo dice y lo repite en cada acto de campaña Donald Trump, un ‘jovencito’ de apenas 70 años. Según el millonario, gracias a su buen estado físico puede tener cinco, seis o hasta más actos de campaña en una sola jornada. A escasos días para el cierre de las urnas, sus seguidores padecen esta apretada agenda bajo el sol abrasador del mediodía de Miami.

“La administración Trump será solidaria con la gente de Cuba y Venezuela, contra la opresión de los regímenes de Maduro y Castro”, vocifera Trump, flemático, frente a una audiencia a la que han acudido decenas de cubanos exiliados. “Vamos a cancelar el pacto unilateral de Obama con Cuba. Vamos a establecer el acuerdo que queremos, y el acuerdo que la gente que vive aquí y en Cuba merece”, remata en medio del aplauso cerrado.

Trump cree estar diciendo lo que sus seguidores quieren oír. El asunto es que no son pocos los cubanos que por décadas han escuchado la misma promesa, la mano dura hacia los hermanos Castro, y muchos ven con buenos ojos los nuevos aires que han traído el descongelamiento de las relaciones. De cualquier forma aquí, en uno de los eventos de cierre de campaña, los “hispanos a favor de Trump” reiteran con su presencia y entusiasmo que el partido republicano sigue manteniendo incondicionales apoyos políticos en el sur de la Florida.

El candidato neoyorkino habla desde el podio del anfiteatro de la bahía de Miami. A sus espaldas está ese océano que conduce a Cuba. Frente a él, unos mil seguidores –muchos de ellos vestidos de pies a cabeza con las barras y estrellas de la bandera norteamericana– y los rascacielos color hueso del ‘downtown’.

Un acto de campaña de Donald Trump no difiere mucho a otro protagonizado por su contrincante, la exsecretaria de Estado Hillary Clinton.Ambos siguen un guion perfectamente diseñado en el que se hace evidente que el patriotismo de los estadounidenses no tiene partido, y que la actual campaña ha sido más que nada un ring de boxeo: muchos ataques personales y pocas propuestas políticas.

Para animar a la audiencia, Clinton utiliza una banda sonora diversa. En sus actos de campaña, Marc Anthony rima a la perfección con Floyd King. El equipo de Donald Trump, en cambio, abusa de los Rolling Stones y de un rock hipernorteamericano tipo Bruce Springsteen.

La diferencia de fondo está en que Donald Trump está ganando seguidores a través de una estrategia que dibuja unos Estados Unidos que simplemente no existen. De acuerdo con los verificadores de información de politifact.com, el 71 por ciento de los postulados políticos de Trump son mayormente falsos, falsos o ridículamente engañosos. En contraste, el mismo análisis dice que las mentiras de Obama llegan al 26 por ciento.

Quien asiste a un acto de campaña de Donald Trump escuchará muy de cerca ideas descabelladas que pasaron de ser titulares de prensa a mentiras repetidas hasta la saciedad. “Volveremos a ser una nación rica”, promete Trump, como si los Estados Unidos se hubieran empobrecido de la noche a la mañana. “El sistema electoral está amañado”, repite, pero no aporta las pruebas de tamaña denuncia. “Nunca ha habido una fuga de puestos de trabajo como esta”, y el Gobierno responde con números que dan cuenta sobre el crecimiento del empleo durante 73 meses consecutivos.

 

La pregunta que los Estados Unidos aún tienen por responder es cómo un populista antisistema y poco carismático como Donald Trump está disputando cabeza a cabeza el cargo público más influyente del planeta. Algunos de sus seguidores de Miami dejan entrever algunas respuestas.

Bety omite su apellido, apoya la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México y dice que está cansada del establecimiento asentado en Washington: “Son corruptos y malvados, lo que tú quieras. Esto ya ha sido probado”. Peter Conolio tiene 67 años, es veterano de la guerra de Vietnam y ve a Trump como un hombre que está renovando la política de su país. También apoya al candidato republicano porque teme que Obama implemente su modelo de sistema de salud. Liliam Brice es de origen cubano y teme que el socialismo se tome los Estados Unidos. Como en Colombia durante el plebiscito del 2 de octubre, la amenaza improbable de un socialismo en el poder atemoriza a los votantes.

Lo cierto es que Donald Trump ha sabido capitalizar el descontento contra el sistema, los ecos de la crisis económica que estalló en 2008 y el voto de los más conservadores a través de propuestas políticas a prueba de fallos. Bajar los impuestos y culpar de todos los problemas imaginables a la inmigración, como hace Trump, es una peligrosa forma del populismo que se expande con rapidez en los países industrializados.

Días después, Barack Obama dirá en la Universidad Internacional de la Florida que los estadounidenses solían ser demócratas o republicanos, pero “lo que está haciendo Donald Trump es completamente diferente”. Y Trump concuerda: “Hillary es la candidata del pasado y nosotros la candidatura del futuro. Ellos nunca han visto un movimiento como este”.

Los mensajes políticos de Trump son directos, claros, pegajosos, repetitivos, aunque no necesariamente verificables. “Vamos a drenar el pantano”, dice una y otra vez, refiriéndose al ‘pantano’ de corrupción de Washington. “La paz a través de la fuerza”, un campanazo de alerta para quienes creían acabados los días de imperialismo rampante en la Casa Blanca.

Y el más popular de todos, el canto de guerra de esta campaña: “Hagamos de nuevo a Estados Unidos un país grande”. Los populistas saben escoger bien los símbolos que los acercan al pueblo. Con una gorra de béisbol en la que lee este eslogan, Trump busca llegar a esa clase trabajadora de la cual él nunca ha hecho parte.

Todas las pistas sugieren que este demagogo que expandió su ‘reality show’ a todos los Estados Unidos no será presidente durante esta campaña presidencial. Por lo menos la gorra que promete el regreso de la grandeza de los Estados Unidos le servirá para protegerse del sol abrasador del mediodía en el sur de la Florida.

JUAN MONTOYA ALZATE*

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