Rifirrafe entre Rodrigo Lara y Édgar Artunduaga por magnicidio de Lara Bonilla

Rifirrafe entre Rodrigo Lara y Édgar Artunduaga por magnicidio de Lara Bonilla
El representante acusó al periodista de confabulación para que asesinaran a su padre, el exministro liberal. “Tropelero y peleón”, le responde Artunduaga.
Por: Redacción Política

Más de tres décadas han pasado y una de las principales heridas que el narcotráfico le asestó a la democracia colombiana sigue sin sanar. Desde aquel 1984 en el que el entonces ministro de Justicia, Rodrigo Lara Bonilla cayó víctima de las balas del narcotráfico de Pablo Escobar Gaviria, son más las dudas que las certezas en torno a la forma, el modus operandi y los verdaderos implicados en el crimen.

De hecho, ayer mismo la Fiscalía ordenó la exhumación de los restos de Lara Bonilla con el fin de determinar, 32 años después, cuáles fueron las reales circunstancias del ataque que sufrió el 30 de abril de 1984, cuando el Mercedes Benz en que se movilizaba por la Autopista Norte con calle 127, en Bogotá fue atacado por sicarios en motocicleta quienes, según la teoría hasta ahora aceptada por la justicia, le habrían disparado en más de 30 oportunidades, tras aproximarse con sigilo por el costado derecho del automóvil.

Las dudas siempre existieron. Pero apenas ahora gracias a la publicación de un libro en el que el periodista Alberto Donadio (columnista de El Espectador) reconstruye los hechos, emergieron con tal contundencia que a la justicia no le quedó de otra que revivir la investigación. Y es que en el documento periodístico aparecen perlas que las autoridades dejaron pasar por alto como la de la bala que impactó el cuerpo del ministro desde el costado izquierdo, como lo demuestra el informe pericial elaborado por el exdirector de Medicina Legal, Máximo Alberto Duque. ¿Cómo es posible que una de las siete balas que alcanzaron a Lara dejó el orificio de entrada por el lado contrario a aquel desde el que supuestamente le dispararon? ¿Cómo explicar que los escoltas salieron ilesos cuando los sicarios supuestamente les disparaban desde atrás?.

Para tratar de resolver estas dudas, el cuerpo de Lara será exhumado en marzo próximo. Entre tanto la familia del inmolado exministro arreció sus críticas contra aquellos a los que desde un principio se señaló como los responsables: los gatilleros de Pablo Escobar y los hermanos Ochoa Vásquez, entre otros. También contra enemigos políticos de Lara Bonilla que por aquella época parecían intocables, como el también exministro Alberto Santofimio y Jairo Ortega. Finalmente, contra el reconocido periodista Edgar Artunduaga, huilense como los Lara y quien fue la persona que, ocho meses antes del asesinato de Lara Bonilla, divulgó una información periodística según la cual este habría tenido encuentros con el también narcotraficante Evaristo Porras. Dicha versión fue la que derivó en un escándalo que los narcos atizaron para tratar de enlodar a Lara por la supuesta recepción de un cheque por un millón de pesos para la financiación de una de sus campañas. Dicha especie resultó falsa.

Este último señalamiento causó revuelo en el panorama político nacional y desencadenó una airada respuesta por parte del comunicador, quien descalificó a Lara Restrepo y lo tildó de “tropelero y peleón”.

El Espectador habló con los dos protagonistas de esta controversia y les pidió que recrearan sus versiones de los hechos, como un testimonio para que los colombianos saquen sus propias conclusiones.

En la confabulación contra mi padre estuvo Artunduaga: Rodrigo Lara

El representante Rodrigo Lara Restrepo lanzó este martes una acusación en contra del periodista Édgar Artunduaga, de quien dijo hizo parte de la “confabulación” en el crimen de su padre.

De acuerdo con el congresista, los narcotraficantes –liderados por Pablo Escobar Gaviria–diseñaron el plan para acallarlo y silenciarlo, y en éste participaron políticos como Alberto Santofimio y Jairo Ortega, y periodistas como Édgar Artunduaga.

¿Qué dicen las nuevas versiones sobre el asesinato de su padre?

Hoy quedó en evidencia, tras la investigación de Alberto Donadio y el dictamen de Máximo Duque, que la versión oficial del crimen de mi padre es falsa y que el dictamen médico legal de la época fue manipulado. A Rodrigo Lara Bonilla no lo asesinó una moto en movimiento a 80 km/h pues en realidad lo mataron con el vehículo detenido, antes de recibir los impactos de bala del sicario recibió un disparo por el costado izquierdo –posiblemente desde el mismo interior del vehículo–, y una vez detenido el vehículo, el escolta y el conductor se bajaron del carro y dejaron las puertas abiertas porque los espaldares de los asientos tienen impactos de bala y ellos resultaron ilesos. A mi padre lo acribillaron con el vehículo detenido después de que desde el interior del vehículo le dispararan.

¿La tesis de que hay agentes del DAS detrás del asesinato cobra vigencia ahora?

Queda en evidencia básicamente que los sicarios no actuaron solos porque el vehículo lo detuvieron para que ellos pudieran hacer su trabajo criminal. Lo detuvo el mismo conductor para que el sicario pudiera cometer el crimen.

¿A qué puede apuntar la exhumación de los restos de su padre?

La exhumación puede corroborar las inconsistencias del dictamen medico legal de la época porque la investigación de Alberto Donadio y el dictamen de Máximo Duque, experto forense, demuestran que era físicamente imposible haber impactado a mi padre desde una moto en la oscuridad y a esa velocidad; la trayectoria de los proyectiles lo corrobora, así queda claro que la versión oficial es falsa y que los testimonios de los escoltas están llenos de inconsistencias y contradicciones.

¿Quiénes son los responsables de haber manipulado la versión oficial?

El crimen de Rodrigo Lara Bonilla Bonilla fue adelantado por una confabulación de narcotraficantes y sectores políticos a quienes por las graves denuncias de infiltración del narcotráfico en la política no les convenía. Al aterrizar los aviones del narcotráfico, destruir su capacidad de producción criminal, desenmascarar a los principales jefes y señalar a sus aliados en la política y en la prensa, Rodrigo Lara recopiló muchísima información sobre el alcance del narcotráfico y lo que lo convirtió en un peligro para muchos. En este sentido, para muchos era fundamental tapar con un manto de impunidad el caso del homicidio de Rodrigo Lara.

¿Y en cuanto a nombres?

Los carteles de la droga de Pablo Escobar y los hermanos Ochoa Vásquez eran socios políticos del movimiento de Alberto Santofimio Botero y muchos de los que militaron con ellos hoy son figuras políticas vigentes. Contra Rodrigo Lara se armó una peligrosa confabulación para acallarlo y silenciarlo en la que participaron, además de los narcos, políticos como Santofimio y Jairo Ortega, y periodistas como Édgar Artunduaga.

“No tengo de que arrepentirme”: Artunduaga

Además de periodista, Edgar Artunduaga ha sido un reconocido activista político, muy cercano a las filas del samperismo y el serpismo, con cuyas banderas llegó incluso al Congreso de la República en 2002. Formado profesionalmente en el Huila, resultó contradictor de Lara Bonilla, contra quien divulgó en 1983 un sonado escándalo por la supuesta recepción de un cheque por un millón de pesos con el que el narcotraficante Evaristo Porras habría financiado su campaña política.

Tiempo después se supo que lo que en realidad hubo fue una celada de los narcotraficantes para vengarse de la guerra sin cuartel que el ministro Lara les declaró en el Gobierno de Belisario Betancur y que por ello habían intentado de muchas formas enlodar su imagen para desprestigiarlo. Fue así como apareció el cheque de Porras, socio de Escobar Gaviria, el principal enemigo de Lara Bonilla.

Artunduaga le dijo ayer a este diario que fue él quien denunció la existencia del cheque por un millón de pesos que el entonces ministro habría recibido de Evaristo Porras y de ahí el odio e incomodidad de Lara Restrepo.

¿Qué responde a las acusaciones del representante Rodrigo Lara Restrepo?

En ejercicio de mi trabajo periodístico yo denuncié que Rodrigo Lara Bonilla se había sentado con un narcotraficante, el señor Evaristo Porras, y le había recibido un millones de pesos a través de un cheque. De eso ya nadie tiene duda, que si era mucho que si era poco, Lara mintió, se asustó y trató de dar las explicaciones al interior de su partido, el Nuevo Liberalismo.

Yo le informé a Lara sobre la conversación que él había tenido dándole las gracias a Porras, Lara me dijo que iba a renunciar y en efecto le presentó la renuncia al entonces presidente Belisario Betancur; en una edición primera del periódico El Espectador salió que el ministro había renunciado pero en la segunda edición salió que Lara no había renunciado.

Luego el escándalo creció y yo me sostuve en la teoría de que Lara se había sentado con los narcotraficantes y no podía ser la persona que liderara y enfrentara la guerra contra el narcotráfico. Ocho meses después de estos hechos Lara fue asesinado en circunstancias que el país conoce y que hoy nuevamente se están estudiando. Esa es mi participación, netamente periodística.

Es obvio que el hijo de Lara Bonilla se siente incómodo por esas afirmaciones mías en su momento pero no tengo de que arrepentirme ni tengo que ver en su muerte que ocurrió tiempo después de mi denuncia.

¿La versión puede ser por su denuncia?

Me parece que Rodrigo Lara Restrepo es tropelero y peleón. Yo no conocía al representante, lo vine a ver un día como mensajero del presidente Álvaro Uribe en tiempos de Palacio cuando yo era senador liberal.

También lo vi también un día en Pitalito (Huila) porque borracho se atravesaba en mi camino en una feria exposición que hubo y entendí que su pretensión era hacer un escándalo para promover su candidatura al Senado pero no he tenido relación con él distinta a esto.

Nunca he querido ponerme a pelear con él ni creo que sea importante ponerme en eso, solamente respondo las cosas que dice llenas de odio e incomodidad conmigo pero no creo que tenga razón.

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