Mozalbete atrevido, llama Artunduaga a Lara Restrepo

 
Mozalbete atrevido, llama Artunduaga a Lara Restrepo
Por: Édgar Artunduaga febrero 24, 2016
El caso Lara Bonilla y una actuación periodística.
Sobre la disparatada presunción planteada por el representante Lara Restrepo acerca de que mis denuncias de la época me vinculan a la muerte de su padre, me obligan a recordar los hechos dolorosos de 1984.

El respetado periodista Gerardo Reyes sintetiza bien en uno de sus libros –“Don Julio Mario”- lo que pasó, publicado hace 20 años:

-“Antes de llegar a Caracol, Artunduaga era un periodista controvertido. Los colombianos lo recordaban porque fue él quien acusó al ministro de Justicia del presidente Belisario Betancur, Rodrigo Lara Bonilla, de haber recibido un cheque del narcotraficante Evaristo Porras.

A partir de ese momento la vida pública de Lara Bonilla, paisano de Artunduaga, se volvió un calvario. Como reacción al desafío de su reputación, el Ministro empuñó en forma personal y apasionada las armas contra el narcotráfico, lo que culminó con su asesinato a manos de sicarios pagados por el cartel de Medellín.

Y más adelante: -Lara renunció, y así lo registró la primera edición de El Espectador, pero en las horas de la noche el presidente Betancur no aceptó la renuncia y lo animó para que continuara en su cargo, cosa que aceptó”.

Lara Bonilla y Porras

Estos son los hechos, que conservo bien documentados:

Corría el mes de agosto de 1983. El reciente posesionado ministro de Justicia, Lara Bonilla, -apenas 15 días en el cargo- era objeto de una fuerte controversia. La revista Semana había publicado el texto de lo que denominó “misterioso casete”, que contenía un diálogo del entonces senador Lara con el narcotraficante Evaristo Porras, quien le ofrecía un aporte económico.

Porras era desconocido para el país, pero pronto aparecieron abundantes crónicas sobre sus enormes riquezas, fruto del narcotráfico.

Lara, 37 años, brillante y con una personalidad arrolladora, llegó al gobierno del presidente Belisario Betancur en representación del “Nuevo Liberalismo”, movimiento liderado por Luis Carlos Galán. Su simpatía personal y arrojo como congresista lo convirtieron enseguida en la estrella del gabinete ministerial.

Sin explicar su procedencia, la revista Semana estremece al país con el referido testimonio, el diálogo de Lara y “el comerciante de Leticia”.

Porras le cuenta a Lara que estuvo preso en Lima en el 78. Hablaron del temido capo Pablo Escobar, de política, de extradición, del exministro Santofimio.

El senador Lara pidió un vodka con tomate y pimienta. Porras “dos cafecitos”. Se percibía un diálogo de viejos conocidos.

El encuentro, grabado clandestinamente el miércoles 20 de abril, del año 1983, marcó trágicamente la historia nacional, desencadenó la controversia, la lucha a muerte del Ministro contra las mafias y la tragedia que significó el asesinato de Lara Bonilla.

El Ministro mintió y se enredó

Por razones de mi trabajo periodístico (era subdirector de El Espacio, en reemplazo de Carlos Lemos Simonds y Luis Guillermo Velez) terminé por establecer que el ministro mentía cuando trató de justificar que había recibido un cheque de manos de Porras, por un millón de pesos. Inicialmente dijo que era parte de un negocio de la empresa de su familia en Neiva. Unas horas después que era dinero para su partido, que no entró oficialmente a las arcas del Nuevo Liberalismo.

Después apareció un segundo casete, entregado a varios periodistas en el Congreso, donde Lara agradecía al narcotraficante la donación. Yo publiqué los términos de esa conversación, pero -extrañamente- los grandes medios guardaron o quizás botaron el documento.

Lara asume la lucha suicida para limpiar su nombre

Los periodistas más importantes de la época guardaron silencio en apoyo del ministro. De manera ecuánime y valiente, Galán Sarmiento le pidió a su partido investigar la conducta de Lara, hecho que los distanció por meses. El presidente Belisario Betancur aparecía poco en esos días de miedo.

Lara Bonilla insistió en aclarar una situación ilícita (el cheque y su origen) que aparecía nítida a los ojos de la opinión pública, pero que hubiera sido perdonada con la explicación sencilla de admitir su error. Muy seguramente su fulgurante carrera política hubiera salido lastimada pero salvado su vida.

Los roces con Lara Restrepo

Cosas de la vida. Me encontré con el joven Lara Restrepo cuando éste era funcionario del gobierno Uribe y yo senador liberal, en oposición. Varios congresistas fuimos convocados por el primer mandatario.

Otro día mi seguridad como vicepresidente del Senado tuvo que apartarlo porque –alicorado- pretendía buscar camorra en un acto público en Pitalito, mi pueblo. A los pocos días lanzó su candidatura al Congreso y entendí que el escándalo le servía para promocionarse.

Después seguramente lo he incomodado con algunos comentarios periodísticos, cuando he dicho que mientras su padre fue asesinado por el narcotráfico, él ha apoyado políticamente a varios sujetos de origen mafioso.

Y también que el abrazo que se dieron con su hermano medio, el nuevo alcalde de Neiva, no ha sellado la relación familiar porque siguen peleando en los tribunales la herencia del padre asesinado.

Lea también: Los hijos de Lara Bonilla mantienen pelea por la herencia

Quizá lo haya contrariado, pero de ahí a provocar su ira, al punto de sugerirme asesino hay una gran distancia.

“Es un mozalbete atrevido”, le dijo Jaime Ucrós García a Lara Bonilla en una discusión política huilense. Y el ahora congresista ha heredado algunos rasgos del impetuoso jefe liberal, no su altura intelectual y demoledora oratoria.

El caso de Vicky Dávila

¿Qué pasa si Vicky Dávila continúa en el periodismo y el general Palomino se mantiene en la policía, atacando a los criminales y defendiendo su nombre, pero ocho meses después lo matan, hipotéticamente?

-¿Culparían a Vicky de un complot para asesinarlo? –Su familia la haría responsable de haber contribuido con sus denuncias al terrible y nunca deseado final?. Y, peor aún, ¿si la situación fuera aprovechada por un hijo que encuentra el hecho como bandera política, sería normal y bien recibido?

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