Muere Carlos Munoz

Por: OLGA LUCÍA MARTÍNEZ ANTE Y YHONATAN LOAIZA GRISALES | 8:51 a.m. | 12 de enero de 2016 Carlos Muñoz tuvo una larga trayectoria en el teatro.
Foto: Archivo particular
Carlos Muñoz tuvo una larga trayectoria en el teatro.
En el Museo Nacional están el sombrero de su personaje de Adán Corona en la telenovela ‘Pero sigo siendo el rey’, así como la chaquetilla, el pañuelo y la fusta; el sombrero de Epifanio del Cristo de ‘Caballo Viejo’, y el brevario romano latín que le obsequiaron a Carlos Muñoz como reconocimiento a su papel del padre Pío V Quintero en ‘San Tropel’.

Llegaron allí, cuenta Fernando López, del programa Fortalecimiento de museos, a raíz de la exposición Un país de telenovelas.

Muñoz dijo, en marzo pasado, cuando habló con este diario por el premio India Catalina Toda una vida que le otorgó el Festival de Cine de Cartagena, que era el mejor lugar para esos objetos. (Lea también: Carlos Muñoz, una leyenda de la televisión)

El actor, que nació en Puente Nacional (Santander) el 3 de enero de 1934, falleció en la mañana de este lunes en la clínica Reina Sofía, donde estaba internado desde el 17 de noviembre del año pasado, cuando fue operado de una hernia y su salud se fue deteriorando, por lo que debió ser intervenido en cuatro ocasiones más.

Su esposa Luz Helena Ángel comentó que el actor tenía desde hace algún tiempo esa hernia, pero que por miedo no había ido al médico. “Cuando lo hizo era un poco tarde”, dijo.

Después de la primera operación, agregó Ángel, el actor estuvo entubado y no pudieron volver a hablar. “Nos comunicamos a través de gestos. Luego él fue sedado y nos empezamos a despedir de él el sábado pasado. Realmente, luchó mucho por su vida. Hubo días en los que ya parecía que no había nada qué hacer, pero al momento sus signos vitales estaban bien. Fue un guerrero”, dijo.

Los inicios

Carlos Muñoz, quien al fallecer tenía 82 años, fue de los actores que estuvo en la televisión desde el primer día, el 13 de junio de 1954. Y venía desde antes en la Radio Nacional, donde actuaba en radioteatros y radionovelas.

La vena artística le llegó de su papá. Jorge Alí Triana, director de teatro, cine y televisión, cuenta que Muñocito (como le decían al papá del actor), “fue un radioactor y titiritero que construyó los títeres del teatro del Parque Nacional. Su hijo trasegó todos los campos de la actuación en el cine, el teatro y la televisión. Todos sus personajes quedan en la memoria”, dijo. (Vea aquí: La vida del inolvidable Carlos Muñoz en imágenes)

Y su ingreso al mundo de la actuación desde niño estaba como testimonio en la casa del actor en Bogotá. Una foto en blanco y negro daba fe de ello. Aparecía recitando. “No tendría yo más de 10 años”, le contó a EL TIEMPO.

En el radioteatro de Radio Nacional lo conoció el actor Julio Medina. “Yo estudiaba en el San Bartolomé y tenía 15 años, y un día el profesor de geografía, don José Augusto Pulido Telléz, me dijo, lo que es el destino, ‘tengo un programa infantil en la Radio Nacional, quiero que vaya’, y fui y ahí conocí a Carlitos Muñoz y comenzó esa amistad. Después, yo me fui de Colombia y cuando regresé él era ya un grande de la televisión”, dice Medina.

En esos primeros días de la televisión también lo conoció Hilda Strauss, locutora, modelo y presentadora. “Fue en los afanes de las cámaras y en la invención de la puesta en escena al estilo de Colombia, para lo que Carlos contribuyó grandemente”, cuenta.

Lo que es cierto. Muñoz fue aprendiendo, como todos, en el camino y en el día a día. Ese aprendizaje incluyó textos clásicos, “que hacíamos en radioteatro y que luego pasaron a la televisión. Recuerdo mucho una producción que hicimos en la que literalmente solo se veía humo, porque yo fumaba y fumaba”, contó con humor Muñoz.

Paradójicamente, cuando llegaron las épocas de las telenovelas, en el momento en que la televisión se convirtió en público-privada y entraron las empresas concesionarias, entre ellas RTI, Muñoz no fue feliz. “Eso género me parecía terrible, porque nosotros estábamos acostumbrados a hacer clásicos y obras de la literatura”.

Pero fue este género el que le dio la gloria y el reconocimiento. Porque aunque para las nuevas generaciones su nombre no sea tan conocido, sus personajes de Epifanio del Cristo, de ‘Caballo viejo’; el padre Pío Quinto, en ‘San Tropel’; Adán Corona, de ‘Pero sigo siendo el rey’; Pedro Camacho, en ‘La tía Julia y el escribidor’, y el Capitán Olvido y Artemio Leguízamo de ‘Calamar’, lo convirtieron en el actor más importante del país durante varias décadas.

Sobre Pedro Camacho, de ‘La tía Julia y el escribidor’, Muñoz contaba que habló en varias ocasiones con Mario Vargas Llosa, el autor del libro, y perfiló muy bien el personaje, que el Nobel de literatura le alabó.

Por todas esas caracterizaciones, el libretista Miguel Ángel Baquero siempre quiso trabajar con él y le escribió personajes en sus producciones.

“Los que crecimos viendo televisión colombiana siempre lo tuvimos en la pantalla. Era un sueño desde niño tenerlo interpretando personajes de las historias que soñaba con escribir y que he hecho de adulto”, cuenta Baquero.

“E hice para él Jacobo González, de ‘Merlina, mujer divina’; Jeremías Cabrales, de ‘Chepe Fortuna’ y ‘Casa de Reinas’, y para ‘El día de la suerte’, Midas Clemente, pero por un cruce con otra producción no pudo estar”, dice.

La relación de Baquero con Muñoz empezó cuando este iba a empezar a grabar ‘Un ángel llamado Azul’. “Él era nuestro abuelo de la historia, su mánager Diana Camacho nos lo presentó, y aunque no pudimos trabajar allí, después sí lo logramos”, agrega.

En opinión de Baquero, su más importante cualidad era el optimismo. “Con una sonrisa y un ‘todo va a estar bien, Miguelito’, uno podía reconocer la paz que dejan los años, era un maestro en el arte de sobrevivir a todos los tiempos”, asegura.

Strauss, por su parte, afirma que “su personalidad clara y luminosa e inteligencia práctica hicieron de él uno de los grandes actores de todos los tiempos en nuestro país. No solo fue un perfecto profesional, era el mejor amigo con su alma generosa y mente abierta. Conservó siempre como regla de vida un comportamiento impecable, con la elegancia espiritual que solo llega desde el desarrollo interior”.

Los años de los cambios

Con la llegada de la televisión privada el medio cambió y con el paso de los años las oportunidades para los actores de más trayectoria fueron siendo menos.

En los últimos tiempos, Muñoz decía que cada vez lo llamaban menos, pero aun así, seguía viendo televisión colombiana y rescatando lo bueno de un medio que ha sido importante. (Además: Falleció el reconocido actor colombiano Carlos Muñoz)

Su más reciente trabajo fue en Señal Colombia, como curador de producciones del Canal Uno. Allí siempre oían sus consejos y apreciaban su sabiduría.

“Nos ayudaba, además, con la revisión de contenidos de Señal Colombia y de Señal Institucional, y con voces promocionales –dice John Jairo Ocampo, gerente de RTVC–. Aprovechamos su sabiduría y también la valoramos, porque siempre fue el hombre defensor a ultranza de la televisión y la radio públicas. Su gran preocupación era que siguieran siendo una alternativa”.

Agrega que para Muñoz, la radio y la televisión pública eran opciones para “camarógrafos, periodistas, sonidistas, actores y, en general, todos aquellos que hicieran los medios audiovisuales, sin importar el cargo, porque todos eran trascendentales”.

Hace casi un año hizo parte de la celebración de los 75 años de la radio pública colombiana, cuando en una cabina radial simulada se oyeron las más importantes voces que han pasado por Radio Nacional.

Muñoz también estuvo en la política. Hizo parte del Congreso de la República, un escenario que, contó, “me permitió conocer cómo se maneja el país”. Igualmente, formó parte de la desaparecida Comisión Nacional de Televisión.

Durante algún tiempo, en la década del 80, estuvo trabajando en México y de allí trajo la idea, que se cristalizó por un tiempo, de pagarles a los actores por repeticiones de producciones y también, mejores condiciones laborales. Además, hizo parte de la Sociedad Colombiana de Actores (ACA), creado hace un poco más de un año.

El placer de trabajar a su lado

Muchos de sus compañeros actores lo extrañarán no solo en las grabaciones, sino también en la vida cotidiana.

Para Alejandra Borrero, que trabajó con Muñoz en ‘Merlina, mujer divina’, “es un gran dolor, porque él era de alguna manera papá de todos nosotros, no solamente para los actores, sino el público general. Sus actuaciones fueron sublimes y será recordado por mucho tiempo”.

Margalida Castro, quien compartió escenario en muchas ocasiones con Muñoz y la última vez fue en ‘Chepe Fortuna’, donde representaba a su esposa, “es de los imprescindibles, de los que nunca se van, como Pacheco y Fanny Mikey. Era mi ídolo. Yo le decía mi ‘mazapancito suizo’, por su ternura. En ‘Chepe Fortuna’ tuvimos un ciclo de 15 días de grabaciones de noche, de 6 de la tarde a 6 de la mañana, y juntos hacíamos más llevadera la dura jornada”, dice.

“Además, cuidábamos mucho de nuestra salud en esas jornadas, porque un papa se puede reemplazar, pero un personaje no y no se podía parar”, comenta.

La actriz agrega que era tal su exigencia personal y su compromiso con el trabajo, que en los años en los que en la televisión los actores debían llevar su vestuario, “Carlos tenía un récord de qué se ponía su personaje, con qué corbata hacía cada escena y esto facilitaba el trabajo de las vestuaristas en la continuidad”.

Y también fue un inspirador, porque muchos de los actores jóvenes y de edad media crecieron viéndolo y queriendo ser como él.

Así lo afirman Diego Trujillo, quien lo admiraba como el padre Pío V Quintero, y Ramses Ramos, quien creció “admirándolo, porque se volvió referente para muchas personas que iniciamos el camino en este oficio. Después, poder compartir con él, actuar con él, tertuliar con él, fue uno de los placeres bonitos que me ha dado esta profesión. Era una persona que manifestaba con su trabajo un camino a seguir”, comenta.

Además, apoyó el surgimiento de nuevas figuras y las motivó a seguir formándose. Entre ellas hablaba de Silvia de Dios y de Taliana Vargas. Esta última lo conoció en ‘Chepe Fortuna’, de la que fue protagonista.

“Me enseñó el amor por la profesión de ser actor. Llevaba toda su vida actuando y era la persona más responsable, la que más estudiaba. Fue mi primer maestro, el hombre que conoció a esa Taliana vulnerable que estaba comenzando y me apoyó incondicionalmente”, comenta.

Sus exequias serán hoy en la tarde y el actor será cremado. Desde ayer, cuando fue llevado a la Funeraria Gaviria, en el norte de Bogotá, no han parado las voces de admiración por el actor.

“Su caballerosidad, su genio y versatilidad de actor de las grandes ligas y su entrega profesional, quedarán impresas para siempre en la memoria de nuestro país”, dice Strauss.

Y ese ser como parte de la familia de muchos colombianos que crecieron viendo sus personajes. Todavía hay muchas personas que se acuerdan de los dichos de Oliverio Currea, en la telenovela ‘Amándote’, que se sienten cercanos a Epifanio del Cristo, que no se olvidan del padre Pío V.

“Su gran legado fue la capacidad para crear personajes inmortalizados en el corazón de varias generaciones, basados en la actuación, no en lo físico”, finaliza Baquero.

Manuela Muñoz, su hija periodista, dijo que siempre admiró todos los personajes que hizo su papá en la televisión y agradeció el cariño y el apoyo de todos los colombianos en este momento. “Pero, de verdad, el papel de su vida fue ser mi papá”, el que hizo con el libreto del amor.IMAGEN-16478517-2.png

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