#El Club Campestre, en “la espantosa” (Neiva) Huila

El Club Campestre, en “la espantosa”

Por Edgar Artunduaga
El Club Campestre da tumbos, como borracho de fiesta, recordando los tiempos –hace 63 años- cuando arrancó en condiciones rústicas, tras la compra de un pequeño lote a la familia Marroquín.

Las señoras de la época lo bautizaron “la espantosa”, porque era horrible; la piscina apenas una alberca; la zona social un ultraje a su estrato social; el carnaval del jején, terrible insecto chupasangre, que llega a crecer tanto como Roberto Escobar, por lo menos en los daños causados.

Lejos estaban de la competencia del elitista Club Social, albergue de señores con pedigrí, pergaminos en hojas de tamal, y algunas familias con tataraputa en su árbol genealógico.

El Club Social se fue hundiendo e hizo agua con la crisis económica del país, en el gobierno de Andrés Pastrana. Hubo un intento de fusión con el Campestre, cuando el barco se hundía, pero los muy soberbios se negaron, para terminar arrendando piezas, vendiendo empanadas o como sede de verbenas y fiestas menores.

En el camino fueron quedando tendidos otros clubes, el Zahara Resort, Los Lagos, Rivera Jockey. Eficientes presidentes fueron liderando el crecimiento del Campestre: Jaime Florez y Jorge Fernando Perdomo. Le dieron brillo, prestigio y solidez económica. Después Carlos Gutiérrez, insípido, insustancial, apenas gris.

El desastre desembarcó con Iván Mauricio Lozano, cuya genialidad principal fue levantar una plaza de toros, que se utilizaba cada año. Lozano tomó el cielo con las manos y entre viáticos y gastos de representación comenzó a construir las grietas de la desgracia.

Como siempre las cosas pueden ser peores, eligieron a un sepulturero –Mario Silva- quien hizo todo lo posible por el naufragio. En sospechoso concubinato se inventaron con Frank Corredor (el nuevo Embajador (o estafador) de la India, un spa que no funciona comercialmente y unas cabañas que tampoco.

En suma, el Campestre logró un acuerdo con la DIAN que estaba en camino de embargar. Pero tiene un “roto” financiero que supera los $3 mil millones. Obviamente la división, la sospecha, la sensación de que los han robado se entronizó en el establecimiento.

Hay quienes sugieren que Silva y Corredor se amancebaron para quebrar el club, eran la avanzada de un macabro proyecto de Armando Ariza –por fortuna en la cárcel- para quedarse con el Campestre, que nunca lo quiso elegir presidente, sabiendo de sus andanzas corrompidas.

Silva, mañosamente, le cedió el cargo a Juan Carlos Saavedra Blume (gancho ciego), que como todos los médicos nunca tiene tiempo, en este caso ni para conocer las dimensiones de la crisis y menos para encontrar la solución. Fácilmente puede acabar con su prestigio y respeto, en semejante desmangurre.

Por: Édgar Artunduaga SánchezEl Clu

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