FRANK CORREDOR, EL NUEVO “EMBAJADOR DE LA INDIA”

Embajador estafador

A diferencia de Jaime Torres Ortiz, el seminarista que hace cincuenta años engañó por tres días a la sociedad huilense -que puso los carros oficiales a su servicio y lo atendió hasta con las jóvenes más hermosas de la clase alta- este pintoresco personaje mantiene por varios años sus fantasías y patrañas.

Llegó del brazo de Cielo González y se ennovió con la bellísima Ángela Rojas, reina de la belleza regional, quien resultó abriéndole puertas impensadas del poder local, sin otro interés que el amor, el de una jovencita de 20 años y su enamorado de 40, aprovechado y vividor. Los ruegos de la familia, devota de Santa Marta, acabaron finalmente con la ominosa relación.

De orígenes muy humildes, arquitecto de la U. Piloto, cantante frustrado, venía de participar en una serie extranjera cuyo gancho principal era el intercambio de parejas. Había roto –de manera ruidosa- con su compañera de entonces.

El metrosexual Corrredor (compite con ellas por ser el más bello en las redes sociales) se fue colando en las altas esferas y –de la mano de la impoluta Cielo González- ha sido mimado de Armando Ariza (Comfamiliar) y Pedro Hernán Suárez (alcalde de Neiva), volcados en su ayuda.

Eso de andar a pie no le quedaba bien y obtuvo un carro lujoso y vistoso, que le quitó a un individuo que no pudo revirarle, porque se defendía ante la justicia de sus propios problemas.

Se hizo socio del Club Campestre (vale $12 millones la acción), para lo cual propuso un canje: les diseñaba unas cabañas. La permuta incluía también unos consumos (determinados almuerzos y licores).

En el camino fue dejando un reguero de estafados y engañados. Algunos aceptaron dócilmente las tretas de Corredor, seductor de hombres y mujeres, encantador de serpientes, ventajoso por costumbre, rey de “la clavija” y el descaro. A Bernardo Pujana debió devolverle una cifra importante, acobardado ante su lengua viperina, que ya estaba demoliendo su poco prestigio.

Este engañabobos de siete suelas, se burló (como en menor escala lo hizo el falso embajador de la India) de todos los socios del Club Campestre, a quienes puso a bailar sanjuanero para ganarse él un record guinness (el baile folclórico más grande del mundo).

Se convirtió en un buen diseñador, presionado por el recuerdo de sus penurias anteriores y fascinado por el candor opita, que a veces raya con la tontaina.

A diferencia de los políticos, que engañan a los pobres, este Corredor embauca a los poderosos de la región, algunos en la cárcel como su amigo y mecenas Armando Ariza. El alcalde seguirá sus pasos, los de Ariza no los de Corredor porque le falta salero.

En cuanto a nuestro bufón enriquecido, adulador consumado, ya le pasará la cuenta la justicia cuando escudriñe despacio sus negocios con la Alcaldía de Neiva y Comfamiliar, entre otros.

Entre tanto, que siga el circo. O mejor, que llegue San Pedro.

Por: Edgar Artunduaga.

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